Sábado,
10 de febrero de 2001
El reino de la bulería
ÁNGEL ÁLVAREZ CABALLERO
Noche fundamentalmente festera, la bulería fue la reina. Pansequito
suele decir que es el estilo más difícil de interpretar del flamenco.
Puede ser, pero también se presta a todos los excesos. No fue el
caso de los tres cantaores de este programa, artífices extraordinarios
del género: el propio Pansequito, Juana la del Revuelo y Aurora
Vargas. Pansequito es el más largo de los tres, pues conoce todas
las familias del cante y todas las interpreta bien. En las bulerías,
efectivamente, es un maestro, y él les pone además su acento personal
e intransferible, esas largas tiradas de tercios ligados que nos
quitan la respiración sólo de oírlas. Como en las soleares. Muy
personal también su versión de los tarantos, que hace con notable
originalidad.
Juana
la del Revuelo estuvo sembrada en su larga secuencia por bulerías,
sin micrófono y matizando, versátil, arriesgando mucho en los bajos.
Sale con toda su familia: el hijo, Martín Chico, que a la guitarra
nos recuerda a Diego del Gastor y se gana buenas ovaciones por ello;
el marido, Martín Revuelo, motor musical del grupo y muy gracioso
en sus interpretaciones; y ahora también la hija, que bailando por
bulerías se desenvuelve con temperamento.
Aurora
Vargas, la guapa trianera, está donde estaba: es decir, cantando
con voz fresca y llena de flamencura y brillando sobre todo en su
cante y baile por bulerías. Con ellas se gana siempre la entrega
del público, porque sin caer en lo vulgar se muestra muy dúctil,
accede a difíciles contrastes y convence sin reservas. Tiene además
esa faceta bailaora enormemente apasionada, en que vive lo que hace
sin cortarse en absoluto. Niño de Pura, con ella y con Pansequito,
mereció también grandes ovaciones.
Menos
convincente me pareció la lebrijana Concha Vargas. Es bailaora de
no mucha técnica, pero sí de inspiración, y cuando éste no es el
caso puede caer en la vulgaridad. Me temo que en esta ocasión ocurrió
algo de eso.
Fuente:
El País