Sábado,
27 de enero de 2001
Cantaora sanluqueña
AULA
DE FLAMENCO 2001 Laura Vital. Con el acompañamiento al toque de
Eduardo Rebollar. Sala Galileo Galilei. Madrid, 25 de enero
ÁNGEL ÁLVAREZ CABALLERO
Veinteañera
Laura Vital. Y gaditana de Sanlúcar de Barrameda. Pueblo de buenos
cantaores y de buenos cantes. Algunos lamentablemente en trance
de desaparición, como las rosas; otros, todavía con buena salud,
como los caracoles.
Los
dos pertenecen a la amplia familia gaditana de las cantiñas, y los
dos fueron cantados por Laura Vital con decisión. Son cantes valientes,
muy movidos y airosos, que van bien a las facultades de la cantaora.
Facultades de las que anda sobrada, como dicen los flamencos. Laura
Vital tiene voz poderosa, de registro alto y afinado.
Quizá
por ello no parece muy inclinada a frecuentar los tonos bajos, que
en este recital se quedaron prácticamente inéditos, salvo en algún
tercio de las siguiriyas, que hizo con bastante acierto pese a la
dificultad del género. Es el problema común de los jóvenes cantaores
muy dotados de facultades, que se hacen fuertes en ellas y olvidan
recursos más sutiles y delicados.
Laura
Vital se presentó en Madrid respaldada por el prestigio de haber
ganado el premio de jóvenes cantaores en la última Bienal de Sevilla.
Y se la ve preparada, con los estilos bien aprendidos, con muchas
ganas de triunfar.
Le
falta lo que en términos taurinos llaman placearse. La experiencia,
en el arte, es un valor añadido y de los más importantes. Laura
Vital tendrá que ir adquiriendo la sabiduría de medir las posibilidades
que le da su amplio arco melódico, que no todo consiste en apurarlas
mientras su propio fuelle aguante. Y la sabiduría de ganar más proximidad
al propio cante y al auditorio, pues anteanoche se nos antojó que
estaba un tanto envarada y distante.
Por
lo demás, es cantaora a la que habrá que seguir con atención. Eduardo
Rebollar le dio un acompañamiento muy adecuado, medido y ajustado
a las condiciones de ella.
La
sala se hallaba bastante huérfana de público, lo que entiendo no
facilitaría el propósito de la cantaora, que imagino vendría a Madrid
como todo artista novel, con la ilusión de triunfar aquí. El público
asistente, sin embargo, premió con convicción su trabajo, que sin
duda estuvo hecho con profesionalidad y sentido de la responsabilidad.
Fuente:
El País