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Cómo sería el retrato robot de un joven cantaor de éxito? Gitano, por supuesto. Nacido más abajo de Despeñaperros. Hijo, nieto o bisnieto de artistas, lo que explicaría que su primer berrido sonara tan jondo que arrancó un olé al padre mientras el abuelo se rompía la camisa porque no se podía aguantar tanto arte. Si en la familia no hubiera artistas tampoco importaría. ¡Es tan socorrida la genética!: todo el mundo sabe (o, por lo menos, repite) que los gitanos nacen cantando, bailando y con una guitarra en la mano. Haber conocido de niño a Camarón o haber estado en sus brazos es la señal definitiva de los elegidos para la gloria. ¡Pues ese retrato robot ya no sirve! Cuatro excéntricos lo han destrozado. Mayte Martín, Miguel Poveda, Estrella Morente y Arcángel han surgido de la nada periférica que rodea el triángulo mágico del flamenco (Triana, Jerez, Los Puertos) y han roto el cuadro. Los cuatro son payos. O casi. Estrella es heredera, por parte materna, de grandes artistas gitanos. Pero también es hija de un gran artista payo: el cantaor Enrique Morente. Mayte, Poveda y Arcángel son payos de pedigrí, pero ¡sí, Dios mío! payos al fin y al cabo. “¿Y qué?”, exclama Poveda, “Hoy se hace flamenco en Dinamarca, en Suecia, en Japón…”. “No pasa nada porque tus padres no sean flamencos”, remata Estrella. “Cuando uno es músico debe crearse su propio ecosistema y su propia sangre musical”. ¡Dinamarca! ¡Suecia! ¡Ecosistema! ¡RH musical! Pero ¿cuándo se han oído semejantes cosas en el flamenco? DELICADOS, PERO ¡EXCÉNTRICOS! Tamaña excentricidad no es la única de estos cuatro revolucionarios. Ellos van contracorriente. ¿Que la mayoría de los cantaores jóvenes intentan emular a Camarón? Pues ellos, a la Niña de los Peines. “Fue una adelantada”, asegura Poveda. “La mejor de todos los tiempos”, exclama Estrella. ¿Que el nuevo flamenco se orienta hacia el jazz, el pop, la salsa…? Pues ellos recuperan el eco de Caracol, de Juanito Valderrama, de Marchena, de Chacón, de Tomás Pavón, de Pepe Pinto… Cantaores arrumbados por el tiempo que, sin embargo, los han catapultado a la vanguardia del flamenco. Los cuatro jóvenes son ahora los más modernos. “Como dice mi padre, estamos vivos de milagro”, comenta con sorna Estrella. El milagro es lo que han conseguido: poner a sus pies, al mismo tiempo, a aficionados, críticos y discográficas. Con sus discos exquisitos están marcando el nuevo rumbo del flamenco: el gusto por la melodía, la afinación, las voces dulces, el cante al oído… El ejemplo más sonado es el de Estrella Morente, que con sólo un álbum, Mi cante y un poema, recién publicado, levanta pasiones desde hace años. Ella, que podía haber caído fulminada por un doble eclipse, el de Camarón y el de su propio padre, ha salido del atolladero con talento y mucha guasa. “Yo muero por Camarón, por Morente… y por Frank Sinatra”. Estrella sonríe y se detiene un instante. “Camarón y Morente son dos monstruos, dos huracanes. A Camarón lo siento muy cerca, pero a Morente lo siento también muy cercano porque duerme en la habitación de al lado. A ambos los he visto fraguarse hasta el último momento: han bebido de todos los cantaores y eso es lo que yo intento hacer ahora”. Poveda asiente: “Es imposible copiar a Camarón y además cuando imitas, te pierdes. Nosotros queremos aprender, pero sonando siempre a nosotros, como consiguen los grandes”. Puede ser casualidad que los cuatro hayan coincidido en sus gustos y su forma de entender el cante. Puro azar que además el público reciba con avidez ese cambio. Pero puede que no sea así. “Después de Camarón hay un impasse: nadie aporta nada. Entonces surgen ellos, que reivindican una tradición. Y son payos porque para un gitano Camarón es un fenómeno extramusical. Es una forma de entender la vida, de vestir, de llevar el peine en el pantalón vaquero, de cortarse el pelo. El payo, al no participar de esa mitología, lo disfruta de otra manera”, explica el escritor y letrista flamenco Carlos Lencero. Mayte, Poveda, Estrella y Arcángel han dedicado años a escuchar y aprender de viejas grabaciones. Unos, como Mayte, por defecto: en Barcelona no abundaban las reuniones flamencas. “La Niña de los Peines ha sido mi mayor referente”, asegura con firmeza. Otros, como Estrella, por exceso: su padre es un aficionado desmesurado. “Cada vez que viajábamos en coche de Granada a Madrid, y vuelta, escuchábamos sin parar a la Niña de los Peines, a Marchena… Cuando parábamos en una gasolinera, mi padre se asombraba de lo baratas que vendían las casetes de estos cantaores y las compraba todas. Mis hermanos y yo le escondíamos las cintas en los asientos, pero no servía para nada. Al final, o esa música te enloquecía o te volvías loco por ella”. Tanto Mayte como Estrella y Poveda dedican temas de sus últimos discos a Pastora Pavón, la Niña de los Peines. Pero ¿quién era esa cantaora? Una gitana, perteneciente a una ilustre familia flamenca (Sevilla 1890-1969), que revolucionó el cante al unir lo viejo y lo nuevo, lo comercial y lo flamenco; y que además gozó de un enorme éxito popular. Conocía todos los cantes y todos los cantaba bien. A la Niña de los Peines, tras un periodo de relativo olvido, le han salido cuatro seguidores incondicionales. Sus nietos espirituales: los Niños de los Peines. Estos cuatro son auténticos originales. Estrella Morente, granadina de 20 años, trina como Juanito Valderrama y ya hay quien la llama “la princesa de los pájaros”. Arcángel, que nació en Huelva hace 24 años, lleva el pelo rapado cuando lo que impera son los rizos largos. Pero los más raros, los auténticos marcianos, son Mayte Martín, de 35 años, y Miguel Poveda, de 28. Vienen de Barcelona, que para un flamenco pilla allá por el Lejano Oriente, y ni siquiera hacen rumba para redimir su pecado original. ¡Además de payos, retorcíos! “Yo me he comido muchos marrones por ser catalana y paya, por mis gustos, por mis formas… Pero me he abierto camino a codazos. Los problemas los tomé como un reto. Con 13 años frecuentaba las peñas flamencas de Barcelona con Ginesa Ortega: parecíamos un par de ovnis extraviados. Luego conocí a Miguel Poveda. Ellos han sido mi familia flamenca”, cuenta Mayte Martín. Los problemas parece que han acentuado su amor por los riesgos. Lo mismo graba boleros con Tete Montoliu que un flamenco conmovedor, como en su último trabajo, Querencia. Y no tiene pelos en la lengua: “Nuevo flamenco es lo que hago yo: respeto las raíces y las formas, pero sin quedarme anclada ahí”. Poveda, que acaba de editar disco, Zaguán, sigue su ejemplo. No dudó en enseñar sus impecables maneras de cantaor en la película La teta y la luna, de Bigas Luna, al mismo tiempo que exhibía su blanco y contundente trasero. Como resume Estrella: “Miguel, por su eco y su compás, parece que hubiera nacido en el barrio jerezano de Santiago… Y además es guapísimo”. Poveda, que es muy coqueto, se atusa el pelo y devuelve el piropo: “Estrella es la Niña de los Peines del siglo XXI”. ¿Están locos? ¡Qué va! Simplemente están hartos de los tópicos. “Ya está bien de catequismo e ignorancia”, exclama Arcángel, que acaba de publicar su primer álbum, Dame limones. “Yo sólo puedo hablar de técnica con Enrique Morente porque entre los flamencos es un tabú. Pues el año que viene voy a trabajar con un logopeda la respiración para sacar el máximo partido a mi instrumento, que es la voz. Odio los estereotipos. A mí me gustan las fiestas y un mostrador para hacer compás como al que más, pero no puedo cantar como si viviera con el martillo y la fragua porque eso ya no existe. Disfruto mucho escuchando a Agujetas, pero cuando le oigo decir que para cantar bien no hay que saber leer ni escribir me levanto y me voy”. Estrella torea; Poveda quiere que Pujol sustituya la normalización lingüística
por la normalización flamenca; Mayte desea morir cantando y Arcángel asegura
que en su disco sólo hay un guitarrista y un compositor porque “no
le gusta el gazpacho”. ¿Son o no son originales? |
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